jueves, 17 de abril de 2008

MOMENTO NOSTALGIA

LA ARITMÉTICA FUE INVENTADA (UN DÍA)

Texto escrito por el genial Víctor Nubla, como prólogo a la edición de un libro de Accidents Polipoètics que nunca llegó a editarse (quizás, no llegó ni a escribirse, pero esa es otra histéria)

Suelo hacerme preguntas como: ¿Cuánta gente hay que cree en lo que piensa y luego piensa en lo que le da la gana?. También me hago la comida y otras cosas. Incluso, en ocasiones, voy de aquí para allá, como un sujeto más. Valga este preámbulo para que ustedes me conozcan en profundidad. Y ahora, sepan lo que me sucedió:
El 37 de Perro de 12.992 me encontré, sin conocer la causa, en un bar dotado de mobiliario, barra y equipo de sonido. Había dos sectores de público muy diferenciados y un tercero más discreto. Los dos sectores importantes estaban constituidos: uno, por personas que seguían atentamente lo que explicaban dos individuos que se hacían llamar Accidents Polipoètics, y el otro, también por otras personas que, en la barra, conspiraban al mismo tiempo contra su hígado y contra los camareros. El tercer sector lo formaban dos máquinas de tabaco y un teléfono público. Recuerdo que, en algún momento, miré hacia la barra. Tras ella, sobre varios estantes, se alineaban más de cien botellas. Cada una de ellas, ingerida, podía matar a una persona adulta. Incluso algunas podían lograr el mismo objetivo con sólo administrarlas hasta la mitad. ¿Porqué no se legaliza de una vez el consumo de vaca viva?, pensé. ¿Qué hipocresía es esta?.
Soy no-fumador pasivo militante, y encendí un cigarrillo.
Inmediatamente, como si estuvieran aguardando desde el mesolítico, mil setecientos auténticos bla bla me miraron (lo cual no era excesivamente impresionante, ya sabéis: ahora te miro, ahora no, enfín...) y lo comprendí todo. Fue un momento difícil. No estaba seguro de que todo fuera a caber en mí de golpe. Entonces descubrí, como Noé lo había hecho en su momento, que todo está en mi mente y que, por lo tanto, aún me quedaba el resto del cuerpo para ir guardando más cosas (la idea, más o menos, es esa).
Desde aquel momento, sólo puedo recordar que este es un sitio esférico, que todos, más o menos, andamos con las extremidades; que no cabe duda, porque vuelve a estar todo lleno; que parece bastante seguro el hecho de saberlo, pero que incluso cabría preguntar en voz bastante alta: ¿Porqué si todas esas historias están hechas de la materia de la vida, la vida no está hecha de la materia de Accidents Polipoétics?. Así, las historias se sucederían unas a otras, prescindiendo de los tediosos intermedios mecánico-dificultosos, y los personajes vivirían sus existencias en las bocas accidentales. Y serían éso que está en nuestra mente: la pequeña distancia entre lo pequeño y lo grande, entre el deseo y el tiempo que va a hacer hoy o entre dos minutos y un chiquillón de años. Todos queremos ser los Accidents Polipoétics de nuestra vida. Ellos, de hecho, fueron los primeros en proponérselo.
Larga vida, pues, a los A.A.P.P. (Aparejadores de Puentes) que construyen esas hermosas pasarelas sinápticas con sabor a aceituna que tan bien nos sientan a quienes, como ellos, vivimos en lugares equipados con estaciones climáticas complementarias, conmocionantes y conminatorias.

Victor Nubla, Junio 1994

1 comentario:

miriam dijo...

¡Qué pena no poder oler este texto en tinta y tener que quemarme los ojos leyéndolo entre puntitos de colores que distraen a mi retina!

Escriban ese libro, carajo, a ver si publican este prólogo.